Inversión: Concepto y Principios Fundamentales
INVERSION: Concepto y Principios Fundamentales
La inversión
es la suma de los recursos que se utilizan para adquirir capital fijo con el
fin de aumentar la producción y/o la productividad. Es el componente del gasto
que permite lograr mayores niveles de crecimiento. Se divide en pública y
privada.
¿Por qué importa?
La
inversión es un detonante de crecimiento. Cuando un privado invierte en capital
fijo de forma productiva puede generar un mayor número de empleos, es más
eficiente y competitivo, y puede invertir en investigación y desarrollo para
mejorar la calidad de sus productos. Cuando el gobierno invierte en
infraestructura y obra pública genera mejores condiciones para reducir los
costos de transporte, producción y logística.
¿Qué es la inversión
y de que Depende?
La
inversión es el acto de asignar recursos para la compra o creación de activos o
de capital, es decir el acto de no consumir esos recursos ahora para satisfacer
necesidades en el presente, sino de destinarlos a satisfacer necesidades en el
futuro. Por eso la inversión está relacionada con el ahorro, que es la
postergación del consumo presente en aras del futuro. Toda inversión, por
tanto, se hace con la aspiración de beneficios que no existen en el presente.
La
inversión es la clave del crecimiento económico y el progreso. Imaginemos que
no hubiese habido nunca inversión: en ese caso seguiríamos en las cavernas.
Hemos progresado porque alguien en el pasado decidió no consumir lo que tenía y
dedicarlo a crear un capital que pudiese darle un rendimiento mayor con
posterioridad.
La
inversión puede ser en objetos físicos, en maquinaria o edificios para vivir o
para producir, o en materias primas o bienes que sirven para producir otros
bienes, y también puede ser financiera, como cuando sacrificamos el consumo
para comprar acciones o bonos.
Todas las personas vivimos de manera
distinta y tenemos diferentes sentimientos y emociones hacia el dinero. Por lo
tanto, las decisiones de inversión son muy personales y únicas. Sin embargo,
existen algunos principios básicos de inversión que se aplican a la mayoría de
las personas, como son:
1- Tener liquidez para afrontar una
emergencia: Todas las personas deberían tener una reserva o fondo para
contingencias en instrumentos de alta liquidez, mucha seguridad, y que paguen
rendimientos por encima de la inflación.
Idealmente este fondo debe contar con un
mínimo de tres meses de gasto familiar corriente, aunque dependiendo de nuestra
situación debería contener un mínimo de seis meses para cubrir cualquier
contingencia.
2- Elegir instrumentos de inversión que
estén de acuerdo con nuestros objetivos: Las metas definen el horizonte (plazo)
de nuestra inversión, nuestras necesidades de liquidez y el riesgo (volatilidad
en el valor del portafolio) que podemos asumir. Es tan malo invertir de manera
agresiva para el corto plazo, como hacerlo de manera demasiado conservadora
para metas de muy largo plazo.
3- En inversiones de muy largo plazo
(más de 10 años): conviene tener una pequeña porción (por lo menos la décima
parte de nuestro portafolio), inversiones en empresas (acciones). Ellas nos
protegen de la inflación y hacen crecer nuestro portafolio a un ritmo
acelerado.
4- Monitorear de forma constante el
desempeño de sus inversiones y efectuar cambios cuando sea necesario: Nuestro
plan financiero es dinámico y las necesidades que tenemos van cambiando. Sin
embargo, hay que hacerlo bien, manteniendo en todo momento la perspectiva. En
estrategias de inversión a largo plazo, el hecho de que el precio de una acción
o que el índice inflacionario baje, no es una razón por sí misma para vender.
Pero sí lo es el hecho de que las variables las cuales nos hicieron elegir esa
inversión hayan sufrido modificaciones que nos permitan determinar que es mejor
no tener más ese instrumento en nuestro portafolio.
5-
Invertir de acuerdo con la etapa de vida: No es lo mismo estar iniciando
nuestra vida laboral, que estar al borde de nuestro retiro. No tenemos
las mismas necesidades cuando estamos disfrutando nuestra juventud, que cuando
nos casamos. Es decir, en qué etapa de nuestra vida nos encontramos, y qué
necesidades surgen a partir de ella.

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